La inacción de España ante el desarme de ETA, un caso único en el mundo

Por Germán Capdevila

Barcelona (INCAT-Nació.Digital).- El 10 de abril de 1998, después de años de intensas negociaciones, de renuncias dolorosas y de cesiones amargas, se firmaba en Belfast el Good Friday Agreement entre los gobiernos del Reino Unido e Irlanda y los partidos políticos de Irlanda del Norte. Se ponía fin a décadas de conflicto y sufrimiento y se establecían unas reglas del juego para compartir el poder y limitarse a las vías estrictamente democráticas para construir el futuro.

El 30 de noviembre de 2016, el Congreso colombiano ratificaba el acuerdo de paz entre el Estado y las guerrillas de las FARC. Negociaciones larguísimas con numerosos avances y retrocesos consiguieron enterrar un conflicto de más de medio siglo y abrir las puertas a un proceso de reconciliación imprescindible para encarar un futuro de paz, democracia y prosperidad.

En el sur de Europa, un conflicto de muchas décadas en Euskal Herria que afecta a los Estados español y francés parece en vías de dejar atrás la violencia armada y abre una brecha de esperanza en un futuro donde sólo las vías democráticas sean las que decidan el futuro de la nación vasca. Sin embargo, España se niega a participar, no hace ningún paso en favor de la paz y no quiere hacer ninguna concesión que pueda acelerar la superación definitiva de la violencia. Es una situación inédita, incomprensible ante los ojos del mundo.

Es innegable que la presión policial contra ETA tiene algo que ver con el cese de la actividad militar y con su desarme, pero el verdadero protagonista que de verdad ha propiciado el nuevo clima que se vive en Euskal Herria ha sido la sociedad vasca, que decidió superar una situación enquistada y actuó en consecuencia, a pesar de los palos en la rueda de un Estado que parecía cómodo con el statu quo.

El nuevo clima político en Euskal Herria hará que en pocos años, situaciones que hoy son impensables sean realidad, de una manera democrática y pacífica. La ciudadanía recupera la libertad y quiere ser protagonista. Como en Cataluña, no habrá represión política o judicial capaz de pararlo.-

crc