¿Trump es mejor que Rajoy?

Por Germán Capdevila

Barcelona (INCATY-Nació Digital).- ¿Recuerda usted la última vez que un juez español detuvo una acción del gobierno central que perjudicaba a los ciudadanos o violentaba los derechos fundamentales? Yo tampoco. El sistema de designación de los magistrados –y sus órganos de gobierno– en España asegura el control político y desvanece la separación de poderes necesaria en toda democracia homologada.

La llegada al poder de Donald Trump fue recibida con preocupación pero también con burlas y comentarios socarrones desde la secular superioridad europea. Sin embargo el populismo y la xenofobia del nuevo presidente estadounidense topó con un sistema de poder independientes real y consolidado por más de dos siglos de democracia ininterrumpida. Dos simples jueces –no la Corte Suprema o el jefe del máximo tribunal– detuvieron de manera consecutiva las primeras medidas encaminadas a discriminar los viajeros provenientes de un puñado de países de mayoría musulmana.

Esta semana vivimos un segundo episodio que demuestra que Trump no lo tendrá tan fácil para hacer según qué tonterías. Tuvo que retirar su propuesta para derogar y reemplazar la reforma sanitaria de Obama. No consiguió sumar una mayoría en el Congreso para aprobar su iniciativa. No pudo convencer a muchos de los suyos.

Desde la democracia de medio pelo que tenemos aquí –en España, y en Cataluña también– nos resulta inverosímil que un gobierno que goza de mayoría en ambas cámaras legislativas no pueda sacar adelante las leyes que le salgan del sombrero. Aquí estamos acostumbrados al espectáculo lamentable de los jefes de grupo parlamentario levantando un dedo para indicar cómo deben votar a sus diputados. Todos, sin excepciones, como corderitos.

¿Recuerda cómo se aprobó la reforma de la Constitución para priorizar el pago de la deuda ante cualquier inversión o gasto? En pocas horas y con un trámite parlamentario relámpago donde todos los diputados del PP y del PSOE pulsaron el botón sin ningún espíritu crítico. Lo mismo que sucedió con la Ley Mordaza o con la Ley Wert. El bueno de Donald se debe morir de envidia.

a nefasta disciplina de voto que impregna nuestros Parlamentos hace que cuando alguien sale del guión provoque asombro y desorientación. Cuando la diputada de CSQP Ángela Martínez votó diferente del resto de su grupo, a favor de la enmienda presupuestaria de JxS y la CUP, la primera reacción del hemiciclo y de los periodistas fue creer que se había equivocado de botón. La misma diputada tuvo que comparecer para aclarar que había votado según su conciencia. ¿Una democracia donde los diputados deben aclarar que votan según su conciencia? Algo falla.

Trump no puede imponer su mayoría parlamentaria como una aplanadora, porque allí cada miembro de la Cámara responde ante sus electores, más que ante la cúpula del partido. No hay listas ni disciplinas de voto. Por ello, muchos legisladores republicanos dieron la espalda a Trump, y la democracia americana le ganó otra batalla al populismo. Reflexionemos cuando llegue la hora de diseñar el sistema de contrapesos de la nueva República Catalana.-

crc