Atención Europa: último aviso

Después de Austria y Holanda, la derrota de la extrema derecha en Francia es –no obstante– un toque de alerta a una Unión Europea que necesita una reforma profunda

Por Germán Capdevila

Barcelona (INCAT-Nació Digital).- La Unión Europea ya sabe cuáles son las consecuencias del populismo de extrema derecha. El gobierno de Viktor Orban en Hungría lleva años erosionando el sistema democrático húngaro, sin hacer caso a las advertencias y sanciones europeas. Una cosa es, sin embargo, un país periférico y pequeño, y otra que uno de los Estados fundadores de la Unión como Francia caiga en manos de este tipo de movimientos políticos.

En los últimos tiempos la ciudadanía europea respondió con contundencia y cerró el paso a la ultraderecha en Austria –aunque por los pelos– y en Holanda. Ahora acaba de hacerlo una vez más en Francia, una pieza central del proyecto europeo. La derrota de Marine Le Pen es, sin embargo, tal vez la última advertencia de los franceses –y por extensión de los europeos en general– hacia un sistema político en crisis a escala continental.

La Unión Europea se creó para evitar que la xenofobia, el racismo y el populismo volvieran a sembrar la muerte y la destrucción en una Europa donde cada generación tenía que coger un fusil y disparar contra sus vecinos. Durante décadas, la integración y la cooperación entre los Estados europeos ayudó a una paz y una prosperidad inéditas.

El miedo a perder el control y diluir las identidades estatales en una UE más integrada y con una estructura federal, hizo que el proyecto europeo comenzara a hacer aguas. Quedarse a medio camino fue la peor de las opciones. La desafección europea que llegó al clímax con el Brexit es la consecuencia.

Si el proyecto europeo fracasa, la tentación a volver a las promesas de soluciones mágicas de los populismos se hará cada vez más grande. Jean Marie Le Pen apenas superó el 17% de los votos cuando accedió a la segunda vuelta en 2002. En 2017, Marine Le Pen ha duplicado los resultados de su padre. Las alarmas suenan cada vez más fuerte, pero la UE y sus Estados miembros no hacen caso.

Dentro de cinco años, si la UE no se ha reformado profundamente y los Estados miembros no se deciden a avanzar en una integración más profunda y en el establecimiento de mecanismos realmente democráticos –dentro de cada país y en Bruselas– donde las ciudadanos tengan más poder de decisión, los resultados electorales en todo el continente serán aterradores.-

crc