Nostros, el pueblo

“Qué fracaso de España como proyecto colectivo: asegurar su supervivencia a punta de fusil, al precio de apuntar el ejército contra la que dice que es su gente”

Por Antoni Bassas

Barcelona (INCAT-ARA).- El 4 de julio de 2017 no fue un día cualquiera. Ciertamente, desde que tenemos un Gobierno que anunció “Referéndum o Referéndum”, no hay día que no sea excepcional, pero el marte 4 de julio lo fue mucho más.

Por la mañana, los parlamentarios presentaron la ley del referéndum en el Parlamento. En el Parlamento, Parlamento? Quiero decir, en el hemiciclo? No, en el patio cubierto donde se hacen los actos públicos. Porque así que se ponga a la orden del día, el Estado actuará contra los ponentes.

Por la tarde, el grupo parlamentario de Juntos por el Sí y el Gobierno defendieron al ley. En el Parlamento? En la tribuna de oradores? No, en un teatro, porque así como el Gobierno y su mayoría parlamentaria logren que se apruebe la ley, el Estado español actuará contra ellos y suspenderá la ley. En cierta forma, ya estamos viviendo en un estado de excepción, que hace que unos parlamentarios no actúen en sus escaños, sino en la sala de al lado, y el Gobierno tenga que dirigirse a la sociedad desde el teatro más importante del país .

El Gobierno devela parte del 1º de octubre y despeja dudas sobre el referéndum

El acto, destinado a desvanecer dudas, no lo aclaró todo: de dónde saldrá el censo? de dónde saldrán las urnas? dónde se pondrán las urnas en ciudades donde los alcaldes no quieren ceder espacios municipales?. Quizá no lo aclaró todo porque no está del todo aclarado o porque no hay que explicarlo todo, porque así se explique todo, el Estado actuará para impedirlo. Es decir, no lo sabemos todo, sabemos por qué no lo sabemos todo, y quizás no nos importa que no nos lo puedan explicar, pero no porque nos guste vivir contentos y engañados, sino porque ya entendemos que esto se aguanta de un hilo. Excepcional.

Pero la realidad es tozuda. En medio de toda esta excepcionalidad que lo hace todo un poco nebuloso, lo cierto es que, aunque fuera en un teatro, oímos al presidente de la Generalitat diciendo que el 1º de octubre seremos consultados en un referéndum para la independencia de Cataluña, y que será “como siempre”.

Esto es lo más excepcional de la reunión del 4 de julio. Toda la vida diciendo que en Cataluña faltan políticos valientes, y aquí los tenemos. Porque al acto que asistimos fue la constatación de que ya no queda ninguna nave para quemar. Que este Gobierno no piensa volver atrás y piensa convocar y organizar el referéndum. Después, cuando todo había pasado, los periodistas primero y los historiadores después, diremos si fueron héroes o inconscientes, si no tuvieron miedo o si eran temerarios.

Hubo un momento, en el Teatro Nacional de Cataluña, en el que todo pareció fácil. Si gana el ‘no’, elecciones autonómicas. Si gana el ‘sí’, se proclamará la independencia, y el público aplaudió complacido, como si le contaran el final feliz de una historia.

Evidentemente, no todo será tan sencillo. El presidente, el Gobierno, y muchos de los asistentes entraron en el TNC bajo el trauma del cese de Jordi Baiget, un consejero eficaz. “Era un 10”, me dijeron dos veteranos ex consejeros. ¿Cómo es que se descuelga en las declaraciones a El Punt Avui, en cuanto malestar ha estado incubando? ¿De qué profundidad es la grieta? Saliendo del TNC parecía como si de grieta no hubiera ninguna.

Saliendo del TNC oí la voz del Estado por boca de la vicepresidenta Soraya, que llamó a la agencia oficial EFE a la Moncloa para hacer exhibición de músculo: en 24 horas paralizan la ley, dice.

Y qué, así, en 24 horas acaban con el problema, también? El gobierno catalán quizás habla de un referéndum que no podrá celebrar porque se lo prohibirán. Pero el gobierno español habla de prohibir el referéndum como si fuera sinónimo de solucionar el problema. Y no lo contrario, porque lo hará más gordo.

Otra que apareció en un 4 de julio ya bastante cargado fue la ministra de Defensa. Dolores de Cospedal recordó que el ejército está para salvar la integridad y la soberanía de la patria. Qué fracaso de España, de España como proyecto colectivo el hecho de tener que asegurar su supervivencia a punta de fusil. Al precio de apuntar el ejército contra la que dice que es su gente. Si la nación es el plebiscito de cada día, el recurso del ejército implica que el plebiscito se ha perdido.

Dijeron Rovira y Turull que todo este proceso es la respuesta a todas las frustraciones acumuladas. Y tienen razón. No se puede negar a los catalanes que sean un pueblo vivo, despierto, vigilante de sus intereses y de su identidad, en un momento en que el mundo triunfa la moral de la desvinculación, el movimiento social que estamos viviendo en Cataluña tiene una dimensión colectiva histórica.

A la salida del TNC, un experto jurista me decía que el camino del derecho está a punto de terminarse, que en el momento en que el Parlamento apruebe la ley que ayer se presentó y el Estado la recurra, no quedará más remedio que proclamar la primacía de la ley catalana y desobedecer el Tribunal Constitucional. De eso fue el acto del TNC.

Puigdemont pronunció una frase desdramatizadora: “No habrá choque de trenes”. Mucho mejor que no aquella de “hacemos miedo y más que haremos”. Creo que hay susto en Madrid y Barcelona. Porque aquí hay otro relato: lo que se hace de cara adentro: “Catalanes, votaremos” / “Españoles, tranquilos, que votarán”, y otro de cara al mundo: Rajoy dijo en Europa que el suflé bajaría, y no baja. Y Europa observa con preocupación la incapacidad de Rajoy de solucionar el problema y la inconsistencia de sus pronósticos.

Por eso, salí del TNC más convencido que nunca que para que Cataluña deje de acumular frustraciones, la mejor garantía para el 1º de octubre sirva de algo somos nosotros, el pueblo.-

crc