Cataluña pasó de ser una “algarabía” a “prioridad inexcusable” para Madrid

Por Miguel Cotarelo

Madrid (INCAT-Palinuro).- Como en el Rinoceronte, de Ionesco, Cataluña se apoderó de la obra teatral. Los personajes se han puesto enfáticos. Tras entrevistarse con el Rey, Rajoy, expresando sin duda el ánimo real, dijo que el consenso sobre Cataluña es una “prioridad inexcusable”. Lenguaje contundente, digno de considerar en quien hasta hace poco, negaba que en Cataluña pasara algo más que una “algarabía”. Por fin parece que los gobernantes españoles reconocen la realidad y la llaman por su nombre. Quieren estar a la altura de una crisis constitucional de envegadura, de un problema de Estado. Quieren ser estadistas.

El hecho de que, como primera medida para afrontar esa “prioridad inexcusable”, se proponga no hacer nada forma parte de la idiosincrasia del personaje, el del “sentido común” y la “previsibilidad”. Pero la voluntad de formar un frente patrio contando con el PSOE, C’s y “otras fuerzas políticas” para hacer frente al “reto secesionista”, la “prioridad inexcusable” repentina por la que claman todos los actores en el escenario, parece haber convertido a todos en rinocerontes.

Ese apasionado drama de la esencia nacional, sin embargo, se escenifica frente a un público más bien apático e indiferente, cuyas máximas preocupaciones son la desocupación (70,6) y la corrupción (45,3). Sin duda, la independencia de Cataluña mueve pasiones en las redes (como entre los gobernantes), pero en las inquietudes de la gente se le concede un supermodesto 2,6. Y esos puntos deben de ser todos de Cataluña, donde la independencia tiene muy movilizada a la población. En España, no. Tal vez recién ahora preocupa a los gobernantes y a la clase política en general; pero no a la población. Esto tiene varias lecturas y no necesariamente coincidentes.

El dolce far niente con que Rajoy se apresta a enfrentar a la “prioridad inexcusble” terminará el 2 de octubre, cuando él y los suyos, ya en “otra situación” (que vaya usted a saber cuál será), tomarán las medidas que haya que tomar. Esa es la propuesta, en el habitual tono de “ordeno y mando” que no parece aceptable para las izquierdas. Pero ellas decidirán. El 2 de octubre promete ser fecha notable pues el PDeCat ha anunciado ya su voluntad de votar a favor de una moción de censura a Rajoy para formar un gobierno cuya tarea fuera gestionar el resultado del referéndum. Todas las propuestas van al PSOE, partido de la oposición. Sería conveniente que estuviera a la altura de las circunstancias, con una visión acorde a nuestros tiempos y no a los de Franco.

La actitud del PP, claramente expuesta por su presidente a las puertas del palacio de Marivent, es de negatividad y bloqueo. No quiere que se cambie nada. No quiere reforma de la Constitución (eso es algo que se reserva para él y el PSOE cuando a ambos les interese) y, en caso de admitirla, será tras previa especificación de los asuntos y aspectos que se quieran reformar. Es decir, se arroga una especie de veto en el Congreso que, además, se amplía en el Senado, segundo frente de la derecha para torpedear todo intento de reforma de la situación catalana. Se ampara para ello en una Constitución empleada como arma de partido al servicio de un tercio de la población española y de una décima parte de la catalana.

En España sigue sin haber estadistas.-

crc