Memorial de Jordi Font

Un día cumpliremos el sueño, también gracias a él y a todos los Jordis Font del mundo que, a miles de kilómetros de distancia, siguen trabajando por una patria libre

Por Josep Lluís Carod-Rovira

Barcelona (INCAT-Nació Digital).- En agosto nos trae la triste noticia de la muerte de Jordi Font, gran persona y patriota íntegro, en la ciudad de Buenos Aires, donde llegó con su padre, a los 20 años, en 1962, Josep Font i Ferré, el padre, había luchado en el bando republicano en la guerra del 36. a los cuatro años de la llegada, este ya formaba parte de los fundadores de la Obra Cultural Catalana, junto a Fiveller Seras, R. Marcó, Jordi Solé, Eudald Vidal, Jordi Arbonès, Eugeni Judas y Jaume Garriga. De orientación independentista, la OCC llevó en 1971 Raimon a hacer una veintena de recitales por todo Argentina, organizó cursos de catalán, conferencias, exposiciones y todo tipo de actividades y campañas para dar a conocer el país y sus derechos, el cono sur americano.

No es extraño que, con estos antecedentes familiares, Jordi Font, que en Cataluña ya había participado en algunas actividades antifranquistas, continuara en el país de acogida las inquietudes del padre. Desarrolló su actividad profesional en la empresa La Camionera Mendocina, propiedad de otro independentista, el exiliado Ricard Rossell y Mercader, antiguo miembro de Estado Catalán y concejal en Vilanova y la Geltrú, muy ligado al presidente Tarradellas, durante el franquismo.

Font, vinculado al Casal de Cataluña, en cambió la dinámica y infundió aire nuevo, cuando pasó a dirigirlo, potenció las relaciones con otros centros catalanes del sur del continente, así como la labor de coordinación de empresarios de ascendencia catalana por toda Latinoamérica.

El Casal nació en 1940, como resultado de la fusión del Centro Catalán (1886), más bien conservador y regionalista, y del Casal Catalán (1908), de carácter progresista e independentista desde su nacimiento. La nueva entidad se estableció en las magníficas dependencias del Centro, en la mítica dirección de Chacabuco, 863, de la capital argentina, un edificio espléndido, declarado monumento histórico nacional, hace tres años, y muy conocido en Buenos Aires, muy cerca de la plaza San Telmo, donde el joyero Pallerols exhibe una bandera cuatribarrada en su balcón. Jordi Font participó de las actividades casalenques, en particular del activísimo movimiento teatral, y enseguida vio la necesidad de sumar esfuerzos con iniciativas asociativas similares que los catalanes, del exilio político y de la emigración económica, promovían todo Argentina.

En 2003, siendo su él presidente, pronuncié una conferencia de carácter político que tuvo lugar en el teatro Margarita Xirgu, del mismo Casal. Él me la presentó, dejando bien claro, el público que llenaba el recinto, el carácter no partidista del Casal y, al mismo tiempo, su vocación de tribuna de las ideas que venían de Cataluña y de aquellas que empezaban a abrirse a ella , en el ámbito soberanista. Me sorprendieron dos pancartas, colgadas en lugares bien visibles del teatro, donde aparecía pintado con negro una sola palabra: independencia. Y osé preguntarle si sabía quien las había podido colocar: Yo -me dijo, tajante. Las he hecho y colgadas yo mismo. Como presidente, no puedo tomar partido, pero como ciudadano tengo todo el derecho del mundo de expresar lo que siento, sentenció.

Por eso, en 2009, cuando tuve que nombrar un delegado del Gobierno de la Generalitat en Argentina y el cono sur de América, no dudé en elegirlo, por más que su nombramiento causara incomodidad a ambos lados , por haber figurado como candidato en una lista electoral de CiU. Recuerdo, como si fuera ahora, cuando me preguntó qué es lo primero que tenía que hacer como delegado. Imprímete un millar de tarjetas de visita de tu cargo oficial, hazte invitar en alguna fiesta nacional organizada no importa por qué embajada y comienza-a repartir. En un par de meses debes haber hecho limpio -le dije.

Me hizo caso y ejercer su responsabilidad con gran dignidad, pero el cambio de gobierno ocurrido a finales de 2010 comportó un retroceso claro en el ámbito de exteriores, los recursos adelgazan hasta la mitad y se rebajó el rango institucional del área. Los pactos entre CiU y PP llevaron al cierre de la delegación de Buenos Aires que él dirigía. El 2 de enero de 1012, la retirada de la bandera catalana del balcón donde ondeaba en la sede de la Delegación fue un golpe muy fuerte para él y para toda la comunidad catalana.

Afable, educado, siempre sonriente y de tono conciliador, Jordi Font no se dio. Y continuó su compromiso, asesorando diversos centros catalanes y dándoles una mano, siempre que se lo pedían. Seguía siendo, sin cargo, un referente fundamental de los catalanes de Argentina y también en relación a Cataluña, hasta el punto de participar en el Consejo Asesor de las Comunidades Catalanas del Exterior o colaborando en la redacción de textos para Incat, la agencia de información en español que, desde el Casal de los Países Catalanes de la Plata, cubre la actualidad más destacada de lo que ocurre de Perpiñán en Alicante. Este 2 de agosto, una enfermedad respiratoria que había convertido su compañera inseparable hacía tiempo, se lo ha llevado para siempre, pero nada lo podrá borrar de nuestro recuerdo. Un día cumpliremos el sueño, también gracias a él y a todos los jordisfont del mundo que, desde el anonimato, a miles de kilómetros de distancia y sin otro interés que el patriótico, continúan trabajando por una patria libre y completa.-

crc