El presidente Mariano Erdogan

Por Germán Capdevila

La gestión española del caso catalán muestra una deriva autoritaria cada vez más similar a la de Turquía, donde la detención de un periodista crítico es un escalón más

Barcelona (INCAT-Nació Digital).- Imágenes de un Estado formalmente democrático pero autoritario en el fondo: la policía militar interrogante e intimidante ante funcionarios y representantes políticos, sin orden judicial. Sentencias e inhabilitaciones para permitir un proceso participativo. Nombramiento y supresión de fiscales según la fidelidad con el partido de gobierno. Funcionarios judiciales interrumpiendo sesiones del Parlamento para entregar advertencias intimidatorias. Un Tribunal Constitucional que acepta poderes de ejecución penal. Un Tribunal de Cuentas llevando adelante procesos de persecución política. Los servicios de inteligencia fabricantes de pruebas falsas y reclutando periodistas y medios mercenarios para distorsionar los resultados electorales. Presiones a empresas y proveedores. Aumento del ahogamiento financiero. Amenazas de inhabilitaciones y confiscación de bienes, con publicación de patrimonios en la prensa adicta. Inspecciones tributarias “aleatorias” a personas vinculadas al proceso político que se quiere detener.

Todas estas cosas podrían haber pasado en la Turquía de Recep Tayyip Erdogan. Todas estas cosas han pasado y pasan en la España de Mariano Rajoy. De hecho, la deriva autoritaria es enormemente más intensa en el caso turco, donde pasan cosas como éstas y peores, pero las medidas represivas anunciadas por el Estado para detener el proceso democrático catalán están siguiendo sus pasos con todo detalle. La división de poderes sólo vive en la letra de la ley, pero en la vida real es inexistente, la libertad de prensa cede ante las manipulaciones empresariales de los amigos del poder estatal.

¿Y cuánto tardará Rajoy en colocarse al mismo nivel de Erdogan? ¿Detendrá masivamente a parlamentarios, consejeros, periodistas, voluntarios, profesores y empresarios? Hasta ayer parecía bastante improbable. Hasta este fin de semana, cuando la policía española detuvo por orden del Tribunal de Orden Público (conocida hoy como Audiencia Nacional) al periodista turco Hamza Yalçin, perseguido por haber publicado artículos críticos del presidente Erdogan.

Europa ya nos hizo avergonzar como europeos cuando pactó ignorar la deriva autoritaria de Erdogan a cambio de detener los refugiados sirios que querían entrar en la UE. Ahora España nos vuelve a avergonzar cuando ejecuta una orden de búsqueda y captura por delitos de opinión. Es profundamente antidemocrático y debería afianzar la voluntad de crear un Estado nuevo donde estas cosas no sucedan.-

crc