Verdades y mentiras sobre el conflicto en el aeropuerto de Barcelona

Después de la independencia, la estación aérea de El Prat será el gran punto de tensión con respecto a la aplicación de la nueva soberanía republicana de Cataluña

Barcelona (INCAT-Vilaweb, por Vicent Partal).- Suele ocurrir que cuando hay un conflicto importante que tiene muchas caras, las cosas se mezclan y confunden. Pasa aún más en esta era del Twitter y el amarillismo informativo, en el que cualquier cosa que digas te la pueden manipular enseguida. En el caso del conflicto del aeropuerto de Barcelona ello toma un valor especial, además, por la evidente tensión política que vive el país, a menos de dos meses ya del referéndum de independencia.

Yo creo que para hablar con propiedad de lo que ocurre en el aeropuerto de Barcelona hay que distinguir cuatro conceptos y analizarlos por separado:

1.- El debate sobre el derecho de huelga.
2.- El debate sobre los efectos de las huelgas sobre los ciudadanos.
3.- El debate sobre el modelo aeroportuario de España y sus consecuencias.
4.- el debate sobre la presencia de la Guardia Civil en los filtros de acceso a las terminales.

Sobre el primer tema yo no tengo nada que decir. El derecho de huelga no puede tener discusión posible. Si un colectivo de trabajadores se siente explotado o injustamente tratado, la huelga es el mecanismo que tiene para defenderse. Y en cuanto a las huelgas en los sectores públicos los servicios mínimos tienen la función de evitar disrupciones importantes del servicio.

Efectos de una huelga

Una segunda cuestión es la discusión sobre si una huelga debe ser proporcionada y puede crear un malestar ciudadano de las dimensiones de lo que ha creado esta. Es indiscutible que el efecto de esta huelga recae de manera injusta sobre los ciudadanos, la inmensa mayoría de los cuales son trabajadores igual que los huelguistas. Y no debería ser así.

Podemos discutir, razonablemente, si la propuesta de acuerdo de la Generalitat ha sido bastante acertada para resolver el conflicto o si el comité de huelga no ha entendido que el todo o nada perjudicaría. Pero, en cualquier caso, ésta no es la discusión importante y es evidente que la Generalitat ha hecho un esfuerzo grande y que, al igual que ya hizo con la huelga del metro, lideró la gestión de la solución.

Pero, de nuevo, el debate hay que enfocarlo bien. Quién tiene la culpa en este conflicto no son los trabajadores de Eulen. ¿O es que hay alguien dispuesto a pedirles que trabajen en malas condiciones sólo para no estorbarnos las vacaciones? Yo no lo haré. El día 29 tenía un vuelo y fui tres horas antes. Casi lo perdí y me molestó muchísimo, pero esto no hace que me gire contra ellos.

La gestión aeroportuaria española

Es más que evidente que la culpa del conflicto es responsabilidad de la Administración Española de Navegación Aérea AENA), empresa controlada por el gobierno español, que no ha dimensionado bien las necesidades del servicio o ha querido exprimir demasiado los beneficios del aeropuerto de Barcelona.

En la mayoría de países, un servicio como éste recae sobre la policía porque es un proceso extremadamente sensible en términos de seguridad. Aquí, sorprendentemente, no es así y AENA subcontrata empresas que claramente no están en disposición de ofrecer un buen servicio, ni siquiera un servicio aceptable. Hay que recordar, en este sentido, y es muy significativo, que AENA adjudicó a la empresa Eulen esta tarea, pese a que esta contratista redujo la oferta en un medio millón de euros, rebajando, por tanto, el margen de beneficio y la capacidad de entrega del servicio. Entonces, hay que reclamar a AENA que actúe asumiendo de manera rápida su responsabilidad.

El tercer debate es el de fondo y el real, lo que importa de verdad. El sistema de gestión aeroportuaria español es un absoluto desastre. La centralización de los aeropuertos españoles es un instrumento para pagar la megalomanía del aeropuerto de Barajas e inflar la idea de Madrid como capital global. Esto está demostrado sobradamente con cifras y detalles que, actualmente, no admiten discusión.

Que las instituciones locales no gestionan el aeropuerto es una llamada al conflicto permanente, y mientras esto no se resuelva no habrá tranquilidad. Menos aún si, además de todo lo que ya sabíamos, descubrimos como hemos descubierto en este conflicto que AENA, sistemáticamente, ofrece servicios a Barcelona por precios muy inferiores a los que pone por los mismos servicios en Madrid.

La Guardia Civil

Finalmente, el tema de la Guardia Civil. Desde el punto de vista del derecho de huelga, poner guardias civiles al filtro de control del aeropuerto es una agresión que hay que denunciar. Como lo fue, en su día, la militarización de los controladores. Esto es fuera de lo que se puede entender y aceptar.

Desde el punto de vista político, sin embargo, no hay ninguna razón para escandalizarse y aún menos para inventarse películas conspirativas como hacen algunos. Alguna gente, sobreexcitada, ha lanzado el mensaje de que esta huelga era un conflicto instrumentalizado que pretendía terminar llevando la Guardia Civil al aeropuerto de Barcelona. Esto, simplemente, no es verdad. Y no es verdad por una razón simple: porque la Guardia Civil ya está en el aeropuerto de Barcelona. El aeropuerto es de AENA y, por tanto, en su mayoría, de España, y su seguridad está adjudicada por el estado español a la Guardia Civil.

Dicho esto, es cierto que tras la independencia el aeropuerto de Barcelona será el gran punto de tensión con respecto a la aplicación de la nueva soberanía republicana. Los Mossos deberán asumir el control de las fronteras, y hoy sólo hay, importante, el aeropuerto de Barcelona. Y como es lógico, España no dejará que eso ocurra mientras no entremos en la fase de la negociación.

La negociación sobre la independencia llegará porque España no puede aguantar la presión de que Cataluña se independice sin asumir ni un euro de la deuda pública. Recordemos que la deuda pública española es estratosférica pero, sobre todo, recordemos que el gran tema es que la deuda española está, mayoritariamente, en manos extranjeras, que tienen –por eso mismo– una capacidad infinita de presión sobre La Moncloa. Y recordemos, no sé si es necesario, que si no hay acuerdo para la independencia, Cataluña se irá sin asumir la deuda que, de otro modo, negociaría con España.

Mientras tanto, la solución más sensata para todo ello será dejar el aeropuerto en manos del Estado español e instalar un control de frontera en el exterior de la instalación. Es lo que hicieron, tranquilamente, los países bálticos durante los dos años que pasaron entre la proclamación de la independencia y el reconocimiento de la misma por parte de la URSS. Y será la solución más sensata porque no merece la pena crear ningún conflicto violento, como el de la ocupación del aeropuerto, por algo que acabará cayendo como una fruta madura. Pero al mismo tiempo hay que dejar claro que la situación cambió para siempre. La solución de la frontera perimetral satisface con creces las necesidades.

Y en este contexto, que la Guardia Civil siga dentro del aeropuerto o incremente su presencia simplemente no tiene por qué representar ningún problema trascendental. Si ahora ocupan los filtros, es necesario que lo denunciemos desde el punto de vista de agresión a los derechos sindicales pero, por favor, que no nos saque el sueño desde el punto de vista político.-

crc