La causa de los males de Cataluña: ¿Existe el justo derecho de conquista?

Por Llorenç Prats

Barcelona (INCAT-Nació Digital).- Si bien el ejercicio del derecho de autodeterminación está previsto y regulado internacionalmente, y forma parte del sistema jurídico de las Naciones Unidas, no lo es su ejecución efectiva una vez este derecho ha sido ejercido de forma satisfactoria, en general. Efectivamente, al día siguiente del 1º de octubre, si Dios quiere, y gana el SI, el escenario será muy desconcertante, para unos, por su novedad, y para los demás por su incredulidad.

La pauta gradual y sensata que propone la ley de transitoriedad jurídica no exime de dificultades la culminación del proceso de recuperación nacional, sobre todo, si como se prevé los sucesores de los que ganaron por “derecho de conquista” estos territorios no tienen intención de retirarse, aunque se queden sin funciones ni atribuciones, sean públicas o privadas, al negarse a integrarse en un nuevo orden democrático investido por una mayoría popular (en caso de ganar el SI en el referéndum de autodeterminación del próximo 1º de octubre de 2017, obviamente).

Podría existir la tentación, por parte de estos últimos, no sólo de negar la eficacia del resultado, sea por defectos de forma o por el desarrollo de la jornada, lo que supondría admitir la validez del referéndum de autodeterminación, si no, todavía peor, entender que cualquiera que sea su resultado no sería aplicable en ningún sentido, negando una vez más la realidad, en un autoengaño mayúsculo, como el que nos ha conducido a la situación actual (sin alternativas ni contrapartidas de ningún tipo ni especie).

Como ya se ha dicho reiteradamente, una determinada idea de España, tierra de conquistadores, se ha impuesto, dificultando, hasta el último extremo, cualquier posibilidad plurinacional en su articulación territorial. La monarquía española también es la responsable de esto, al negar la evidente plurinacionalidad de España, dentro de un contexto constitucional, donde mal que les pese siempre ha quedado a la sombra de su deuda secular, en forma de mención a las nacionalidades o por la existencia de dichos territorios forales.

El propio Tribunal Constitucional ha tenido que entrar a menudo a dirimir qué se entendía por territorio foral, y lo ha hecho diciendo que son “aquellos territorios integrantes de la monarquía española que, a pesar de la unificación de derecho público y de las instituciones políticas y administrativas del resto de reinos y regiones de España, culminada en los Decreto de Nueva Planta de 1707, 1711, 1715 y 1716, mantuvieron sus propios fueros (entendidos tanto en el sentido de peculiar forma de organización de los poderes públicos como del régimen jurídico propio en otras materias) durante los siglos XVIII y parte del XIX, llegando incluso a nuestros días manifestaciones de estas peculiaridades forales”. Por lo tanto, hay de fondo una deuda, casi irreparable por su gravedad, en el que fue la asimilación española, de estirpe castellana, sobre los territorios conquistados y aniquilados, salvando ese lastre histórico residual que ha sobrevivido, de valor incalculable, que interpela a los propios magistrados del TC.

Y tal como ocurre ahora, con el posicionamiento del nacionalismo español, negando toda bondad a la existencia de la nación catalana, depositaria, como la mejor, del derecho inalienable a la autodeterminación, ya en el Decreto de Nueva Planta de 29 de junio de 1707, entre otros, se refiere en varios momentos al “justo derecho de conquista” para justificar la supresión de los fueros, o sus singularidades jurídicas.

Pues bien, esta apelación al “justo derecho de conquista”, término contradictorio si los hay, permanece de fondo en la mentalidad española, secular y presente, al día de hoy. Lo que fue tiranizado, con derramamiento de sangre, no puede quedar fácilmente reversible, y no sólo se adquiere si no que además es justo (!), claman aún ahora, a pesar de las dudas, los jurisconsultos españoles. El “justo derecho de conquista”, por tanto, es la espada mortífera, de una ideología dominadora y discriminatoria, que desde hace muchos años se ha prodigado sobre los catalanes, entre otros pueblos, hasta dejar esta nación agotada y casi liquidada.

El próximo 1º de octubre de 2017, por primera vez, en base al derecho internacional, en Cataluña uno se rehará de esta gran injusticia, y no sólo querrá reparar la memoria de un pasado oscuro y triste, sino que también aportará una visión de futuro, llena de esperanza y dignidad. Es posible y necesario: el referéndum de autodeterminación es el inicio de un camino claro para vivir en paz y libertad.-

crc