A las 17:14 horas estalló la independencia en Cataluña

Ordenada y pacíficamente, un gran número de ciudadanos proveniente de toda la geografía catalana, se fue acercando desde la mañana al centro de Barcelona

(INCAT, por Carlos Rubén Capdevila).- El punto central de la convocatoria fue Paseo de Gracia y Aragón, desde esta intersección hacia Plaza Catalunya, Diagonal, Conde de Urgell y Paseo de San Juan se extendieron ordenadamente los 450.000 participantes que se inscribieron para asistir a esta Diada tan especial, aunque –como es habitual– se sumaron muchos miles más a lo largo del día, mientras se aguardaba festiva y pacíficamente que el reloj marcara las las 17:14, el momento culminante.

Y puede resultar extraordinario o sorprendentemente placentero comprobar que se respetan rigurosamente los lugares asignados a cada inscripto (o familia inscripta). Al menos, quienes no residimos en Cataluña, no estamos habituados a que se observen minuciosamente las instrucciones en un clima de fiesta y alegría. Hoy, el primer acto estuvo en el Fossar de les Moreres, donde casualmente se encontraron el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont; la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; y la del Hospitalet de Llobregat, la socialista Núria Marín, abiertamente enfrentada al referéndum del 1º de octubre.

Y si en los últimos años había ido in crescendo la participación popular en el Día Nacional de Cataluña, en esta ocasión, cuando faltan apenas 20 días para el referéndum convocado para el 1º de octubre, en el que los catalanes deberán exponer su posición favorable o contraria a la recuperación de la independencia, la emoción convirtió a la conmemoración de la caída de Barcelona, el 11 de setiembre de 1714, en una verdadera perspectiva de reivindicación.

Una síntesis

En esos tiempos –viene al caso recordarlo– Cataluña había tomado partido por los Absburgo para suceder al rey de Castilla que había muerto sin herederos. El caso se extendió porque los borbones que gobernaban Francia argumentaron derechos de un nieto del rey galo (Felipe V) para acceder a la corona castellana (aún no existía España como tal). Entonces, la posibilidad de que se produjera una unión entre Francia y Castilla alarmó a las restantes potencias europeas que formaron una alianza (Gran Bretaña, el imperio austrohúngaro, Holanda, Sicilia y algunos países más, como Cataluña, Valencia y Baleares).

La llamada Guerra de Sucesión se mantuvo algunos años con paridad de fuerzas y batallas, hasta que comenzaron las tratativas secretas entre Francia y Gran Bretaña, a las que debió sumarse luego Castilla, que derivaron en la retirada de las fuerzas inglesas que comandaba el duque de Ormond a cambio –entre otras concesiones– de que Gibraltar y Menorca pasaran a manos británicas, y que el reino de Nápoles siguiera bajo dominio castellano. El acuerdo se firmó en 1713, pero los aguerridos catalanes continuaron defendiendo Barcelona hasta el 11 de setiembre de 1714, mientras que Mallorca caería un año después.

En síntesis, Cataluña recuerda en cada Diada la fecha en que perdió su independencia, sus instituciones y –literalmente– se intentó borrar hasta su historia. Pasó a ser una colonia de Madrid, con todo lo que ello significa y tal como lo demuestra un mapa del siglo XIX donde figuran Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares como “tierras anexadas”.

Un punto de inflexión

Anualmente, los catalanes recordaron ese acontecimiento tan esencial en sus vidas, pero desde que Madrid recortó las atribuciones autonómicas catalanas modificando un estatuto que había sido aprobado por el pueblo, por el Parlamento catalán y por las Cortes españolas, en 2009, la indignación fue subiendo de tono. No obstante, se resolvió avanzar en un proceso soberanista con una condición absoluta: en paz, en democracia e intentando negociar en todo momento.

La intransigencia de España a permitir que los catalanes ejerzan su derecho a decidir, tal como lo hicieron Canadá con Quebec y Gran Bretaña con Escocia, fortaleció la dinámica soberanista, basada también en un parlamento mayoritariamente independentista que inició una larga, fatigosa y extenuante marcha hacia la “liberación en democracia”. El Parlamento y el gobierno de Carles Puigdemont, recuerdan a cada momento que tan solo reclaman el derecho a decidir. En otras palabras, si en el referéndum convocado para el 1º de octubre, gana el SI, habrá desconexión; pero si gana el NO, habrá elecciones parlamentarias inmediatamente. La voluntad popular es lo que cuenta.

Mientras tanto, Madrid fue eslabonando una sucesión de medidas coercitivas, judiciales, policiales, junto a campañas sucias e inventadas (al estilo de los tristemente conocidos “carpetazos” argentinos) contra los dirigentes independentistas.

Bajo este clima –exactamente a las 17:14 horas– se llegó a una eufórica conmemoración de la Diada del 11 de setiembre de 2017, esperando que las medidas que contrapone Madrid al proceso democrático, no superen los límites de la razón y el sentido común porque, por ejemplo, preocupan frases tan contradictorias y absurdas como la pronunciada por la vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría: “Puigdemont pretende ocultar la opinión popular con un referéndum”.-

crc