La verdadera ofensiva desde Madrid empieza ahora, después de la Diada

Por David Miró

Barcelona (INCAT-ARA).- La participación en una movilización masiva siempre reconforta y recarga las pilas a los manifestantes. La electricidad ambiental se traslada a nuestro cuerpo y nos provoca una descarga, se hace un nudo en la garganta, el corazón se acelera, la mirada se empaña y, en lugar de caminar, la sensación es la de flotar. A los ojos les cuesta asimilar tanta información, quieren retener todos los detalles, saborear las imágenes. Por un momento te crees Napoleón al frente de un ejército invencible.

Pero cuando la manifestación acaba todo el mundo se va a casa, solo o al menos en pequeños grupos. Como dicen los manuales militares, las retiradas son muy peligrosas porque ofrecen puntos débiles al enemigo. El Estado ya sabía que esta Diada sería un éxito. A pesar de la campaña de desprestigio desatada contra Carme Forcadell y la mayoría independentista del Parlamento, sabían o intuían que la gente respondería, que no dejaría solos a sus representantes públicos a las puertas del 1º de octubre.

La verdadera ofensiva empieza ahora. Y no será contra un millón de personas que se manifiestan de forma cívica y festiva, sino contra personas individuales, con nombres y apellidos, con familia y amigos, con carreras profesionales, con algún patrimonio ganado con mucho esfuerzo. Una a una, con notificaciones judiciales y palabras altisonantes como malversación, desobediencia y sedición, considera que será suficiente.

El independentismo sólo podrá aguantar el pulso hasta el 1º de octubre si es capaz de contrarrestar esta estrategia que, en contra de lo que piensan algunos, no puede basarse sólo en las decisiones individuales, porque es precisamente eso, la sensación de soledad que provoca la amenaza judicial, la principal arma del Estado para sembrar dudas, deserciones y, en última instancia, luchas intestinas que dividan, y por tanto debiliten, el conjunto del movimiento.

Respuesta colectiva

La respuesta debe ser colectiva y gradualista, minimizando daños en las filas propias y ofreciendo varias posibilidades de salida a las personas implicadas, que en los próximos días se verá que pueden ser miles. El objetivo debe ser alcanzar el 1º de octubre con el cuerpo social el máximo de intacto y cohesionado, porque la mayoría independentista –no lo podemos olvidar– es exigua, además de heterogénea, con incomodidades cruzadas y grados de compromiso y fe en el éxito del Proceso también diversos.

Si el reto del independentismo es tejer una red de solidaridad y generosidad interna potente y a prueba de rupturas internas, el del Estado es el de individualizar al máximo el conflicto para que el independentista se sienta a la intemperie, desprotegido y con la sospecha de que nadie lo va a venir a llorar cuando sea el primero en caer. Por ello el Estado español amplió el perímetro contra funcionarios, empresarios y cargos intermedios, además de los vips del Proceso. Muchos de éstos empujaban ayer cochecitos en Barcelona y a partir de hoy recibirán la visita del secretario judicial.-

crc