Cuando la política fracasa

Un artículo de opinión de Alan Braier

Esto es lo que ocurre cuando la política fracasa. Huelgas, violencia verbal, física e institucional por culpa de malas decisiones políticas.

La respuesta no era ni el 155 ni la declaración unilateral de la independencia. Un referéndum pactado con todas las garantías parecería la opción más inteligente, pero no era ni es más que una utopía. Las condiciones sociales y políticas no están dadas, ni van a estarlo por un largo tiempo. La fractura social que generaron las pésimas  decisiones va a ser difícil de revertir. Y esta fractura no se da únicamente entre catalanes y españoles, también se hace visible dentro de cada grupo.

Analizándolo como un outsider, el sueño independentista es un reclamo fundado en lo que algunos catalanes creen justo. Es una búsqueda legítima por ratificar la cultura, el idioma y mejorar su situación económica. ¿Son la mayoría? Tal vez lo sean, pero tal vez no. El clima tan cambiante hace imposible realizar una previsión. ¿Les conviene? El tiempo dirá ¿Están haciendo las cosas bien? La respuesta es no.

@AndresMalamud dijo en Twitter: “El separatismo catalán no es una amenaza para España sino para Europa. Por eso, salvo que la UE colapse, su probabilidad de éxito es cero.” Existe la remota posibilidad de que Cataluña se independice si se dan varias condiciones a la vez: que cambie el gobierno de España, que los independentistas mantengan su piso electoral alto, que ambos acuerden un referéndum y que gane el sí. A todo esto podríamos agregarle una reforma constitucional. Aún con todas estas condiciones dadas, seguiría siendo difícil lograr el objetivo.
Como es altamente improbable que todo esto ocurra, lo que dice el politólogo Andrés Malamud tiene mucho sentido: Hasta que no caigan los acuerdos institucionales, económicos, territoriales y políticos de la Unión Europea, a los catalanes se les va a hacer cuesta arriba. Ya vimos, desde el punto de vista económico, lo rápido que cambiaron su
sede cientos de empresas, o desde el eje político, el apoyo unánime que recibió Madrid por parte de sus pares.

De todas formas, la represión durante la elección fue una de las imágenes más fuertes en contra de la democracia que vi desde que tengo memoria, más allá de la legalidad o el peso institucional que pudieran tener esas urnas. Con más razón, si el referéndum ya había sido declarado ilegal, ¿qué necesidad de reprimir?

Los resultados de la votación tienen problemas de legitimidad por diversos motivos, pero no por eso deben ser descartados. El 43% del padrón electoral, casi dos millones trescientos mil catalanes, entre balas de goma y gases lacrimógenos, se acercaron a las escuelas y votaron. Eso, como mínimo, tiene que significar algo para el gobierno español.

Hay más de dos millones de personas que piensan que votar es más importante que su integridad física. Deben escuchar y respetar este mensaje.

La declaración unilateral de la independencia con voto secreto, la escalada de violencia, la aplicación del 155, el encarcelamiento de miembros del Govern, la postura inquebrantable de Rajoy y el “exilio” de Puigdemont son algunos de los cientos de rasgos que me hacen pensar en este proceso como un fracaso de la política.
El inmovilismo no es la salida. En algún momento, tarde o temprano, van a tener que sentarse a dialogar. La situación, así como está, es insostenible. ¿Qué pasa si el independentismo gana las elecciones del 21 de diciembre? ¿Van a aplicar el 155 otra vez? ¿Los van a proscribir?

Como politólogo en vías de desarrollo, estar presente en estos meses históricos no deja de ser una experiencia increíble para mi formación: aprendí qué no tengo que hacer si alguna vez llego a ser político.

Alan Braier.

Alan Braier es un estudiante de Ciencias Políticas argentino residente en Barcelona