La ruta de Santa Eulàlia, un paseo por la Barcelona legendaria

Durante las fiestas de Santa Eulalia, la Asociación Cultural Joan Amades organiza un paseo que recorre los pasos de la patrona de la ciudad.

Uno de los rasgos más característicos de la leyenda de Santa Eulalia es que sucede en lugares de Barcelona aún hoy muy reconocibles. Por eso es la patrona más veterana de las tres que tiene la ciudad y este fin de semana se celebran las festividades, que son las principales del invierno barcelonés. La leyenda dice que santa Eulalia era una joven cristiana de trece años que vivía en Sarrià y que no quiso renunciar a su fe durante las persecuciones del emperador Diocleciano. Como resultado de ello fue sometida a trece torturas espeluznantes en lugares muy conocidos de la ciudad y actualmente está enterrada en la cripta de la Catedral.

Y como Joan Amades fue uno de los primeros folkoristas en recoger la leyenda popular, la Asociación Cultural Joan Amades ya hace muchos años que organiza una ruta nocturna guiada que recorre los pasos de la patrona. El circuito tiene tanto éxito que se organiza en cuatro grupos diferentes y normalmente tiene el aforo completo. Con acompañamiento musical en directo, un guía descubre los rincones de la Barcelona vieja relacionados con la historia de la santa, como el lugar donde fue torturada o la prisión donde la encerraron.

La ruta también es un recorrido por los vestigios romanos que aún quedan en Barcelona, ​​la época en que supuestamente vivió santa Eulalia. De este modo, el paseo arranca de la plaza del Pedró, en el Raval, donde se cuenta que fue abandonada desnuda después de la crucifixión y, para taparle las vergüenzas, ocurrió un milagro y se puso a nevar. La ruta continúa por la Volta de Santa Eulàlia, donde se cree que estaba el  calabozo donde fue encerrada, y hasta la Catedral, donde se pueden ver los restos en la cripta.

La siguiente parada es en uno de los lugares más emblemáticos de la leyenda, la Baixada (bajada) de Santa Eulalia. En este callejón del barrio gótico se cree que le practicaron el martirio más famoso: hacerla rodar en una barrica llena de pinchos y trozos de vidrio. Y para recordarlo, en este lugar la santa tiene una pequeña capilla elevada donde se hacen diversas ofrendas y actos de cultura popular para sus fiestas. La ruta también pasa por el Pla de la Boqueria, un espacio donde en la época romana se ajusticiaba a los condenados, y también por la plaza de Sant Jaume, la sede del poder romano en el siglo IV.

Tras admirar el trozo de la muralla romana que aún se mantiene en la sede de la Asociación Cultural Joan Amades, la ruta se aleja hacia la iglesia de Santa Maria del Mar. La antigua iglesia de Santa María de las Arenas fue uno de los primeros templos cristianos de Barcelona y se cree que inicialmente se habría podido enterrar su cuerpo allí. La ruta termina en la plaza del Àngel, un lugar donde ocurrió el último milagro relacionado con la santa. Fue unos años después de su muerte, el 878, cuando se trasladaban las reliquias de la iglesia del Mar a la Catedral.

La leyenda cuenta que cuando la comitiva pasaba por la plaza, los restos de la santa comenzaron a pesar mucho. Tanto, que no se podían ni transportar. Y de pronto apareció un ángel y señaló a uno de los canónigos de la comitiva, que había tomado un dedo de la santa para quedárselo como reliquia.